Un consejo sencillo pero poderoso para dirigir mejor…

Dirigir es como nadar o montar en bicicleta. Se aprende a dirigir con la práctica, la reflexión y la experiencia

Aprender a ser directivo no es una ciencia exacta, por el contrario es un arte que requiere algunos conocimientos y, sobre todo, mucha práctica. Por eso, la columna vertebral de la dirección es la experiencia y la práctica.

¿Quién es un buen directivo?

Un directivo es aquel que conduce una organización de personas y para ello cuenta con unos medios materiales y unos medios intangibles. Un directivo goza de unos recursos físicos para el ejercicio de su tarea, por ejemplo, los salarios, las oficinas, y en general los medios necesarios para el cumplimiento de ciertas tareas. De igual modo, goza de unos medios intangibles como la autoridad y el poder propios de su condición de directivo, es decir, la capacidad de generar una obediencia voluntaria y semi-voluntaria a sus instrucciones, órdenes y sugerencias. El éxito del directivo consiste en usar lo menos posible el poder, o sea la coacción física y ser capaz de ganarse la autoridad por medio de la confianza y la credibilidad que surgen de su integridad y el respeto por los demás.

¿Cómo se aprende?

Aprendemos a dirigir como aprendemos a nadar o a montar en bicicleta. De todas las actividades humanas, dirigir es una de las más prácticas y experimentales. Un manual de dirección o de liderazgo es tan parecido a las instrucciones para montar en bicicleta o aprender a nadar…Si bien son útiles no nos garantizan el resultado. Por esta razón, para dirigir se requiere foguearse en las circunstancias, los problemas, las dificultades y, especialmente, en los errores. Como resultado de esto, si queremos aprender a dirigir debemos pasar nuestra actividad directiva por la reflexión y el aprendizaje; de lo contrario, quien dirige no será capaz de capitalizar los errores y, como consecuencia, la experiencia se convertirá en rutina. Lo anterior, implica que dirigir es una tarea práctica que se enriquece por la introspección, la reflexión y la pausa para preguntarnos a diario:

¿Qué hicimos bien?,

¿Qué hicimos mal?,

¿Qué podemos mejorar?

Este es el consejo para dirigir mejor: adquiere la prudencia

La principal cualidad de un directivo se llama la prudencia directiva. Esta afirmación viene respaldada por el pensamiento clásico de autores como Aristóteles. Todos tenemos el error de creer que ser prudente es ser cauteloso y cuidadoso (lo cual es cierto), pero desconocemos que la historia y la filosofía clásica le dieron a la prudencia un alcance mayor. Para los clásicos, la prudencia es un hábito de la inteligencia que nos ayuda a decidir bien. Por tal motivo, un directivo prudente es aquel que sabe decidir bien según los hechos y las circunstancias. ¿Acaso hay alguna actividad más importante que tomar buenas decisiones en nuestras organizaciones?

Aprendemos a ser prudentes, ejercitándonos en el ejercicio de la prudencia, porque Aristóteles señalaba que las virtudes se aprenden como las artes y los oficios mediante la práctica permanente y continuada (II, 1), lo cual dicho de manera sencilla significa que la práctica hace al maestro.

¿Qué pasos debemos seguir para convertirnos en directivos prudentes?

Paso 1: La instrucción:

Aprender a obtener información, pedir consejo y, sobre todo, ser capaz de separar la información útil de la inútil en algún problema que estemos abordando frente a cualquier decisión.

Paso 2: La deliberación

Deliberar, pensar, valorar, juzgar la información que tenemos a mano. Evaluar las circunstancias y las posibles consecuencias de las decisiones que estamos tomando.

Paso 3: La decisión

Tomamos una decisión de manera oportuna, basados en los análisis, reflexiones, comentarios que consideramos en el paso 1 y 2.

Paso 3: La ejecución

Ponemos por obra lo que hemos decidido, hacemos seguimiento a la decisión para evaluar sus resultados y, especialmente, ajustamos la decisión según la realidad de las cosas hasta llegar a la decisión correcta.

Conclusión

Si queremos ser mejores directivos debemos aprender a ejercitarnos en la virtud de la prudencia directiva que, según los filósofos clásicos, era la virtud por excelencia del buen gobernante y descubrir que la experiencia, la reflexión, la deliberación y el consejo son los principales instrumentos de un directivo para realizar muy bien su quehacer.

La prudencia nos lleva a tomar bien muchas decisiones importantes y para lograrlo hay que reunir experiencia, hay que prever lo que pueda suceder, hay que buscar la información necesaria, estudiar los asuntos con serenidad, decidir y llevar las decisiones a la práctica (Lorda, 2013).

En resumen

Dirigir es decidir y decidir requiere ejercitar la prudencia

 

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